De la conciencia de sí a la espiritualidad
Notas sobre el libro
Aux origines de l'humanité de Pascal Picq e Yves Coppens (eds),
Paris: Fayard, 2001.
Capítulo 12. De la conciencia de sí a la espiritualidad. Boris Cyrulnik
Agosto 26, 2005.
Ref:
http://hipercomunicacion.com/textos/cyrulnik-conciencia.html
Hacer signo con las cosas significa ponerlas ahí
para representar lo invisible; acceder a la abstracción y a la función
semiótica.
La conciencia de eso que no está ahí pero que está
representado por la cosa que ha sido puesta ahí de forma intencional,
provoca una emoción aún más fuerte que la percepción de lo real.
Tres condiciones son necesarias para esto:
- un cerebro capaz de descontextualizar el tiempo (de representarse el pasado y el futuro);
- un desarrollo psíquico que abre el acceso a la conciencia de lo invisible;
- una cultura que de forma a un mundo de otro lado.
La capacidad de semantizar el mundo significa ubicar
en la conciencia de otro la imagen de una representación de un objeto
que servirá como base para comunicarse. Desde el momento en que el
objeto ha sido designado éste toma sentido.
Tres condiciones:
- Retener a distancia una información;
- No responder únicamente un estímulo, sino razonar;
- Designar un objeto particularmente significativo con el fin de mediatizar su relación con la figura a la que vincula.
El capullo que permite la metamorfosis de la
conciencia perceptiva en conciencia compartida se construye desde que
un ser vivo se vuelve capaz de influenciar el mundo mental de otro ser
vivo. Por ejemplo, cuando un gato o un perro logran hacer entender a su
dueño que quieren comer.
Los simios antropomorfos saben además ponerse en el
lugar del otro, cuando un simio encuentra un plátano hace gritos de
peligro frente los demás para ahuyentarlos y poder así comer solo.
"Apuntar con el dedo" y "simular" significa ser capaz de conocer la
existencia del mundo mental del otro y de influenciarlo por medio de
gestos y de mímica.
Los seres capaces de "hablar", de realizar esta
capacidad gestual e intelectual poseen una herramienta mental que, con
el mínimo de energía, es suficiente para ubicar en las demás
conciencias una cantidad ilimitada de mundos de representación.
Permiten tomar conciencia y transmitir estados mentales recitados,
compartidos e imaginados hasta el infinito, como lo son el arte, la
religión o la ideas.
Everardo Reyes. París, 2004-2006.